Instinto Social

Editorial N.1 Instinto Social

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El instinto social es ese sentimiento que nos une como individuos. Es ese impulso natural que fundamenta los lazos de amor y de amistad libres, y que permite organizarnos en base a ellos. Es el mismo instinto que nos pone en alerta ante la injusticia, el que nos agita contra el explotador, el que desquicia al gobernante, el que nos alza contra el tirano. Es el instinto que nos hace sentir como iguales, como compañeros de este viaje, que es la vida en sociedad.

Sabemos que para ellos, los que disponen de poder y privilegios, los que cultivan la explotación y el control, los que legitiman la miseria y el hambre con sus fórmulas matemáticas y discursivas, el instinto social es una lacra para su modelo. Es esa “maldita” variable incontrolable que frustra toda tentativa de reducir el individuo a un sujeto obediente y servidor.  Para nosotros el instinto social es la base natural que fundamenta nuestra moral y la pauta que debe regir la interacción social, los proyectos que abordamos, los caminos que abrimos hacia una sociedad que debe ser de todos y para todos: justa y libre.

Y es por ello que desde el poder intentan minimizar este instinto social hasta negar su existencia, su fuerza y su potencia organizativa. Lo que resulta un absurdo por imposible. Pues somos humanos, y está en nosotros. Ni los teóricos del elitismo, ni los metafísicos de la religión y de la patria, ni los científicos del darwinismo social han podido extirpar este instinto que atenta contra toda forma de autoridad y de explotación. Que frustra toda justificación de dominación.

Por contra, nos presentan como normal y natural otro instinto más bien antisocial, que es el que fractura la sociedad con jerarquías y clases, con estamentos y exclusiones sociales. Es el que legitima la desigualdad que los privilegia y la autoridad que los encumbra. Es por ello que surcan sin cesar en el instinto antisocial del individuo que nace del miedo y la cobardía, de la estupidez y de la arrogancia, de la vanidad y de la codicia. Se trabaja desde las escuelas y desde los medios, promoviendo un esquema mental que verticaliza las relaciones humanas, naturalizando la dominación y la explotación de los unos por los otros.

Se hace necesario romper con los esquemas mentales que nos imponen yendo allí donde descansan los valores que desarrollan los instintos sociales o antisociales que hay en nosotros. Y sabemos de la dificultad histórica que supone volver a situar la Libertad y la Igualdad como fundamentos y objetivos de nuestras vidas. Pero también somos concientes de su urgencia, pues nos enfrentamos a una realidad que tiende hacia posturas cada vez más autoritarias y excluyentes. Es preciso hacer frente al auge de los discursos que las avalan y las legitiman.

Instinto Social nace como otro grito en esta jauría de la comunicación moderna. En esta densa selva comunicativa que refleja el ruido, la decadencia y la perversión a la que estamos llegando como especie. A este desquicie de simular lazos donde no hay sino hostilidad; de aparentar comunidad donde no hay más que gregarismo y aislamiento; de vivir fascinados por una virtualidad que esconde el desierto social y natural que está secando nuestros corazones.

No podemos pretender la Libertad cimentando formas de autoridad por muy “democráticas” que éstas parezcan; ni podemos pretender sociedades más justas defendiendo fórmulas que estructuran la exclusión. No queremos contribuir a mejorar este mundo social. Necesitamos una sociedad nueva y para ello urge empezar desde los fundamentos.

Construir esta nueva sociedad es, al fin y al cabo, poder empezar de nuevo, asentando relaciones horizontales y fortaleciendo nuestros lazos en Igualdad. Y todo ello sólo es posible desde el Instinto Social que hay en cada uno de nosotros. Pero como mejor se desarrolla este Instinto, como todo en esta vida, es desde la Libertad del individuo. Es por ello que construir socialmente la Libertad no es sólo una necesidad histórica, sino que es nuestra última esperanza.

“(…) tú no vales menos que otro, tú no vales más que otro (…)
no tendrás el deseo del poder, no tendrás el deseo de sumisión (…)
no eres más que los demás”

Pierre Clastres

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